elirasciblegranaino
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12 years ago @ Ecos del Balón - Sucedió en enero · 0 replies · +9 points
Enhorabuena por el post. Interesantes reflexiones.
En mi opinión todo esto llevaba gestándose desde enero del año pasado. Las cosas empezaron a fallar dentro y fuera del campo y la dependencia hacia Messi se incrementó notablemente. Contextualmente esto tenía una explicación, Villa había quedado fuera en el Mundial de Clubes y Alexis y Pedro sufrieron lesiones y recaídas que les mantuvieron entre tres y cuatro meses fuera o a un nivel no competitivo. Ahí salieron Cuenca y Tello al rescate, con toda su bisoñez, y Messi tomó el testigo para llegar hasta donde se pudiera. A todo esto, Piqué se reencontró con su amigo Cesc y se dedicaron a vivir todas las aventuras que la distancia les privó en su día. Añadámosle a Puyol recuperando la juventud veinteañera pasados los treinta. Se acababa de ganar la Champions, Supercopa, Mundialito y al Madrid en su casa. Reyes del Mambo.
Pese a todo, el juego del Barça estaba ya dando síntomas de perder las señas de identidad que le hicieran leyenda y que se han seguido observando esta temporada. Messi empezaba a hacer esfuerzos cada vez más cortos -más quirúrgicos, más precisos, más letales, pero más cortos- y a bajar la cabeza tras perder el balón lo que invitaba al rival a sacar el balón desde los centrales sin apenas oposición, si acaso una carrera de los extremos o los interiores que dejaba una puerta abierta a su espalda para ser explotada. Los extremos se encuentran en muchas ocasiones aislados y completamente desactivados cuando la jugada les daba el balón pues, de conseguir ventaja posicional o individual, el área es un desierto blaugrana que impedía finalizar allí la jugada -Messi bajando a iniciar y recibir- el otro extremo está aún más lejos -y si ha picado hacia dentro está bien marcado casi siempre- y la solución es pisarla, pasarla hacia atrás y volver a empezar a lo sumo ganando unos metros. Messi como principio y final de todas las cosas.
Esa responsabilidad obligada del curso pasado ha devenido en norma eximiendo a los extremos y al resto del sistema ofensivo de toda responsabilidad goleadora. Y Messi marcando, ojo. Cifras de vértigo, pero craso error. Messi se ha dado cuenta de lo que le sucede en los partidos TOP y ya ha dicho que vive mejor con un nueve delante y, además de esta faceta en concreto, nos encontramos con un equipo largo, abierto, falto de presión e intensidad competitivas y sufridor en balón parado por déficit de altura. Los rivales aprenden, trabajan, te desactivan y te terminan matando.
¿Soluciones? En mi opinión, recuperar la intensidad y la presión que mantenga junto al equipo, vivo y reactivo desde que pierdan el balón; diversificar el ataque blaugrana para repartir responsabilidades goleadoras aunque eso suponga desplazar algo a Messi de su zona de influencia más letal si sirve para activa a sus otros acompañantes (un nueve entre ellos). Ganar altura con los fichajes y compensar ese enorme déficit a balón parado que se tiene por simple condición física. Mucho trabajo para un entrenador que, según parece, está limitado en sus decisiones por la directiva y algunos jugadores. Difícil situación. Movido verano.
En mi opinión todo esto llevaba gestándose desde enero del año pasado. Las cosas empezaron a fallar dentro y fuera del campo y la dependencia hacia Messi se incrementó notablemente. Contextualmente esto tenía una explicación, Villa había quedado fuera en el Mundial de Clubes y Alexis y Pedro sufrieron lesiones y recaídas que les mantuvieron entre tres y cuatro meses fuera o a un nivel no competitivo. Ahí salieron Cuenca y Tello al rescate, con toda su bisoñez, y Messi tomó el testigo para llegar hasta donde se pudiera. A todo esto, Piqué se reencontró con su amigo Cesc y se dedicaron a vivir todas las aventuras que la distancia les privó en su día. Añadámosle a Puyol recuperando la juventud veinteañera pasados los treinta. Se acababa de ganar la Champions, Supercopa, Mundialito y al Madrid en su casa. Reyes del Mambo.
Pese a todo, el juego del Barça estaba ya dando síntomas de perder las señas de identidad que le hicieran leyenda y que se han seguido observando esta temporada. Messi empezaba a hacer esfuerzos cada vez más cortos -más quirúrgicos, más precisos, más letales, pero más cortos- y a bajar la cabeza tras perder el balón lo que invitaba al rival a sacar el balón desde los centrales sin apenas oposición, si acaso una carrera de los extremos o los interiores que dejaba una puerta abierta a su espalda para ser explotada. Los extremos se encuentran en muchas ocasiones aislados y completamente desactivados cuando la jugada les daba el balón pues, de conseguir ventaja posicional o individual, el área es un desierto blaugrana que impedía finalizar allí la jugada -Messi bajando a iniciar y recibir- el otro extremo está aún más lejos -y si ha picado hacia dentro está bien marcado casi siempre- y la solución es pisarla, pasarla hacia atrás y volver a empezar a lo sumo ganando unos metros. Messi como principio y final de todas las cosas.
Esa responsabilidad obligada del curso pasado ha devenido en norma eximiendo a los extremos y al resto del sistema ofensivo de toda responsabilidad goleadora. Y Messi marcando, ojo. Cifras de vértigo, pero craso error. Messi se ha dado cuenta de lo que le sucede en los partidos TOP y ya ha dicho que vive mejor con un nueve delante y, además de esta faceta en concreto, nos encontramos con un equipo largo, abierto, falto de presión e intensidad competitivas y sufridor en balón parado por déficit de altura. Los rivales aprenden, trabajan, te desactivan y te terminan matando.
¿Soluciones? En mi opinión, recuperar la intensidad y la presión que mantenga junto al equipo, vivo y reactivo desde que pierdan el balón; diversificar el ataque blaugrana para repartir responsabilidades goleadoras aunque eso suponga desplazar algo a Messi de su zona de influencia más letal si sirve para activa a sus otros acompañantes (un nueve entre ellos). Ganar altura con los fichajes y compensar ese enorme déficit a balón parado que se tiene por simple condición física. Mucho trabajo para un entrenador que, según parece, está limitado en sus decisiones por la directiva y algunos jugadores. Difícil situación. Movido verano.